Llueve sobre Macondo

Que raro ha sido este Jueves. Como en un cuento del maestro, todo se dio de fantasía: el concierto se atrasó 45 minutos, la sala estaba totalmente llena y empezó a caer un granizo tremendo al final del concierto. Sin conocimiento previo de su muerte decidí pararme antes de tocar el Quinteto de Schumann, la última pieza en el programa, y dedicarle unas palabras a él, diciendo como había inspirado a tantos artistas latinos y como nuestro grupo celebraba sus ideas traducidas al mundo musical. Todos aplaudieron y se escuchó a unísono por 800 voces el: "Que se mejore".

Cuando empezamos a tocar Schumann el granizo empeoró y hasta cayó un poco de hielo en el escenario. El sonido del hielo batallando con el techo era tal, que parecía que estuvieramos en medio de una guerra. Todo se empezó a calmar en el segundo movimiento del quinteto, que para colmo de males se llama Marcha Fúnebre. En la mitad de éste, el primer violín y cello intercambian una melodía de increible belleza, que con su lirismo y cambio abrupto de tonalidad, abre los cielos a la atmósfera fúnebre y oscura. Sólo en este momento el granizo misteriosamente finalizó y se pudo terminar el moviemiento y el quinteto en absoluto silencio.

Con tanto aplauso y retraso, salimos tarde de la sala y solo ahí pudimos escuchar la terrible noticia.

Nosotros tocamos este concierto celebrando su vida, esperando su mejora, cuando el mundo entero ya padecía su muerte. No sé si el granizo, los ruidos del hielo, el silencio, la marcha fúnebre, la imprevista dedicatoria, el retraso del concierto, no sé si algo de esto estuvo providencialmente en nuestro camino. Pero si sé que tocamos Schumann mientras Gabo moría y esto quedará en nuestra memoria por siempre.